¿Por qué siempre merece la pena sonreír?

Hoy tenemos el gran placer de presentarles «La Sonrisa», una nota escrita por Margarita Álvarez Pérez de Zabalza, nombrada por Forbes como una de las 50 mujeres más poderosas de España y elegida por 3 años consecutivos como una de las 100 mujeres más influyentes de nuestro país.

Su carrera profesional es, sin duda, intachable y digna de ser valorada. Margarita nos inspira día a día  a continuar trabajando para conseguir nuestros sueños sin jamás dejar de lado nuestro bienestar y felicidad. Es sobre todo bajo este último concepto en el que se centra su trayectoria profesional: ejerciendo como Presidenta del Instituto de la Felicidad en Coca-Cola donde trabajó por quince años; responsable de  Thought Leadership en grupo Adecco, Directora de Marketing y Comunicación de Iberia y Latam, y  fundadora y ex Directora General del Observatorio de Innovación en el Empleo y la Educación (OIEE).

La Sonrisa

Es curioso, pero en esta sociedad tenemos sobrevalorada la seriedad. Una persona que “va seria”, con el gesto circunspecto, nos parece que es interesante, informada, seria.

Pero seria en el aspecto más amplio de la palabra; en el aspecto de fiable, confiable y hasta inteligente. Le otorgamos credibilidad y asumimos que es una persona con responsabilidades y que por eso va con este gesto siempre adusto.

Recuerdo que tuve un jefe, no diré ni dónde ni en qué momento, que me recomendaba ir siempre por los pasillos de la oficina rápido, con un papel en la mano, y seria, muy seria. Ni que decir tiene que fui su peor alumna.

Pero me temo que es cierto y que tenía razón. Desde pequeños nos han enseñado que la seriedad es algo positivo y nos lo hemos creído; hemos llegado a pensar que efectivamente una persona que siempre sonríe es superficial, no se entera, o incluso es simple. Ya lo decía aquella frase que se le atribuya a Freud pero que no es de Freud: “solo hay dos maneras de ser feliz, ser tonto o hacérselo”.

Quiero reivindicar la importancia de la sonrisa. La importancia de un gesto que hace mucho por nosotros, y desde luego hace mucho por los demás. El impacto que sonreír a alguien con quien nos cruzamos puede tener en ese alguien en este mismo instante ni siquiera nos lo imaginamos. No siempre es así, pero por una vez que pase cada día, merece la pena.

Sonreír no quiere decir que las cosas no te importen o no te preocupen. No te hace menos responsable ni menos adulto.

Recuerdo hace unos años en una conversación con Steve Wozniak, cofundador de Apple, en la que hablamos de muchos temas, y como no, de felicidad. Cuando empezamos a hablar del ser humano y nuestra capacidad para ser felices, me confesó que empezó a pensar en el tema cuando tenía menos de 20 años y que no había dejado de hacerlo desde entonces. Y me sorprendió cuando me explicó que había llegado a crear dos fórmulas para ser feliz que reflejo en el libro. Hoy vamos a hablar de la primera, la que habla de las sonrisas. Porque para él la fórmula mágica era F=S-CF. O sea, felicidad igual a sonrisas menos ceños fruncidos.

Y es que, a pesar de la buena prensa de un buen ceño fruncido, la sonrisa tiene efectos secundarios potentísimos.

Cuando sonríes, tu cerebro libera neuropéptidos, que son proteínas nerviosas que regulan casi todos los procesos de las células e influyen en el cerebro, el cuerpo y en nuestro comportamiento de muchas maneras importantes, desde la analgesia, el metabolismo, la reproducción, los comportamientos sociales, el aprendizaje y la memoria hasta el estrés el sueño o elevar el estado de ánimo.

Pero es que cuando sonríes el cerebro también libera neurotransmisores como la dopamina (que proporciona energía y motivación), las endorfinas que regulan la percepción del dolor y desencadena sensaciones positivas y eufóricas en el cuerpo) o la serotonina (que ayuda a controlar nuestros estados de ánimo).

Todo ello consigue que sonriendo ayudemos a nuestro cuerpo a reducir el estrés (está demostrado que el acto de sonreír reduce los niveles de cortisol), elevar nuestros estados de ánimo (los neuroquímicos y péptidos que liberamos al sonreír pueden incluso “engañar” a nuestro cuerpo y elevar nuestro estado de ánimo) además de estimular nuestro sistema inmunológico porque estamos más relajados, con menos cortisol y neuroquímicos positivos.

Pero tiene además efectos en los demás. Lo que contagiamos con una sonrisa va mucho más allá que un gesto de cortesía.

Sonreír no sólo tiene el poder de elevar tu estado de ánimo, sino que puede elevar los estados de ánimo de las personas que te rodean.

Solo por esto, merece la pena sonreír hoy. A quien te encuentres en el camino y sobre todo a ti mismo. Porque una buena sonrisa es la línea más corta entre dos personas

Margarita Álvarez 

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